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"La escala de Mohs"

8 en el 8M (poesía): Gata Cattana , La escala de Mohs Con las manos
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"Aconsejo beber hilo"

8 en el 8M (poesía): Gloria Fuertes , Aconsejo beber hilo Estamos bien La mañana, se pierde en la maraña. Por la tarde, los niños de la calle. Por la noche, la radio del vecino. La oficina me pone casi muerta. El silencio, se esconde en la repisa. Yo no puedo leer una novela, y la gata que pare en el pasillo y mi hermano que no tiene trabajo y la niña que llora por la esquina, mi cuñada me pide una cebolla; en la puerta, que llama el del recibo. No hay quien pueda vivir cómodamente. El tranvía no llega casi nunca y no llega tampoco con el sueldo; la merienda borrose de la casa; el periódico nos dice la noticia: se avecina la garra de la guerra, y yo digo: ¡Pues sí, lo que faltaba!

"Celia en la revolución"

8 en el 8M (novela): Elena Fortún , Celia en la revolución -...Todos somos unos asesinos. -Tú no. -Yo también. -Pero ¿tú no habrás fusilado a nadie? -Sí, hija, sí... como cada hijo de vecino... Fue en los primeros tiempos. Estaba yo en Villaverde, con el destacamento, cuando van y dicen: "Ahí llega el tren de Jaén y viene el obispo, y su hermano y la familia, y el cerdo de y el ganadero tal y... ¿queréis que les hagamos bajar y les fusilemos aquí mismo? A ello". Bajan temblando. Unos cuantos les toman la filiación. Sí, son ellos, y otro ¡que a lo mejor es republicano!... al menos, ellos lo dicen... "A ver, todos en fila". "Pero ¿nos vais a fusilar?. El obispo, muy pálido, echaba bendiciones... Nos pusimos enfrente... Cuarenta canallas y ¡pum!... ¡Solo cayó el obispo! Todos le habían disparado a él y le habían acribillado...  Un libro una hora: Celia en la revolución

"Tea rooms"

8 en el 8M (novela): Luisa Carnés , Tea rooms Ante el portal ancho y oscuro, con vitrinas, en las que se lucen sombreros vistosos, una mujer comprueba el número de la casa con el del anuncio del periódico que tiene en la mano. -Señorita, ¿me hace el favor si es aquí...? -Sí. No hace falta ser muy perspicaz para adivinar adónde se dirigen los pasos fuertes, prácticos, de la desconocida, y Matilde responde: "Sí". La mujer corre escaleras arriba, añadiendo dos huellas húmedas a los peldaños apolillados. No es nada joven, ni bella. Huesuda y alta. Al hablar despide un hálito desagradable. Matilde ha conocido muchas aspirantes de este aspecto y muchas del contrario. Jóvenes, limpias, de cuerpos esbeltos y perfumados, de manos cuidadas y uñas brillantes. Unas son tímidas, titubean al hablar y al sentarse en el vestíbulo esconden los pies debajo del banco o de la silla. Otras irrumpen en el aposento triunfalmente, cruzan una pierna sobre la otra, hablan de sueldos fabulosos, citan ...

"La ridícula idea de no volver a verte"

8 en el 8M (ensayo): Rosa Montero , La ridícula idea de no volver a verte EL ARTE DE FINGIR DOLOR Como no he tenido hijos, lo más importante que me ha sucedido en la vida son mis uertos, y con ello me refiero a la muerte de mis seres queridos. ¿Te parece lúgubre, quizá incluso morboso? Yo no lo veo así, antes al contrario: me resulta algo tan lógico, tan natural, tan cierto. Solo en los nacimientos y en las muertes se sale uno del tiempo; la Tierra detiene su rotación y las trivialidades en las que malgastamos las horas caen sobre el suelo como polvo de purpurina. Cuando un niño nace o una persona muere, el presente se parte por la mitad y te deja atisbar por un instante la grieta de lo verdadero: monumental, ardiente e impasible. Nunca se siente uno tan auténtico como bordeando esas fronteras biológicas: tienes una clara conciencia de estar viviendo algo muy grande. Lee aquí el capítulo 1 

"La cuidadora de palabras"

8 en el 8M (biografía): María Moliner , La cuidadora de palabras  "Al terminar, observó su obra y quedó impresionada. Ella sola había inventado lo nunca visto: un diccionario vivo, un diccionario que hablaba y enseñaba a hablar." Primeras páginas

En el Día de la Paz...

Leyendo estos Diarios (el de una periodista ucraniana, el de un artista ruso) que Nora Krug dibuja, se refuerza la idea de que todas las guerras son la misma guerra (por el interés que las motiva y por quiénes las sufren). Cuando la periodista escribe: “No quiero irme de Ucrania, pero sí que mis hijos se vayan…” expresa el doble sentimiento de poner a sus hijos a salvo, pero no verse obligada ella misma a huir: a dejar de hacer su trabajo en el país invadido… Que es lo mismo que se vio obligada a hacer la periodista y escritora española Luisa Carnés : separarse de su hijo, enviándolo al exilio en Francia con una familia amiga, para protegerlo, y quedarse para seguir defendiendo la democracia sitiada… Entre tantos desgarradores ejemplos.  También -entonces y ahora- los muertos abandonados…