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El castillo ambulante entre el Christine Picasso y el Mare Nostrum

Las profesoras Ana y Laura, y las chicas y chicos del IES Christine Picasso nos reciben en el vestíbulo del instituto: saludos, sonrisas, besos y choques de manos… Nos encaminan primero hacia el patio, donde está aparcado el Bibliobús municipal, que acerca el préstamo de libros a las barriadas periféricas y, también, a los centros educativos que lo solicitan.

Luego recorremos los pasillos del instituto- decorados con dibujos en color y casi a tamaño natural de algunos famosos personajes manga- hasta la biblioteca, pequeña y luminosa, acogedora. Formamos una circunferencia de unas treinta personas y Ana propone, para empezar, unas bandejas de bizcochos, pasteles y locas, y una ronda de presentaciones: nombre, edad y lecturas preferidas…

Y comenzamos la tertulia en torno a El castillo ambulante

La celosa bruja del páramo envejece de manera fulminante a Sophie, al comprobar que el apuesto mago Howl ha puesto los ojos en ella. Howl es un mago seductor y coqueto, que quiere quitarse la vida al teñírsele de rojo accidentalmente su rubia y sedosa cabellera. El corazón del mago Howl es el fuego que alimenta el castillo, un ser vivo con aspecto de gigantesco batracio de cuatro patas, y cuya puerta se abre a cuatro realidades diferentes: rural y urbana, apacible y apocalíptica…

Ana va sugiriendo temas: los roles femeninos de Sophie y sus hermanas, las diferencias entre novela y película (en general, más oscura la novela, colores Gibli en la película)… a partir de un guion. Pero la conversación es como un ser vivo que camina por senderos inesperados: y empezamos hablando de un mago presumido y una bruja celosa y acabamos hablando sobre la vejez y sobre la responsabilidad de la paternidad… Nada menos. Entre otros asuntos filosóficos.

Frente al Christine Picasso está la FNAC, cuya sección de cómics y novela gráfica no te la acabas…  Ojeamos y hojeamos libros. Apuntamos novedades y deseos. Y hubo quien alcanzó alguno…

Y volvimos, tal y como vinimos, en metro, aunque mucho más ricos con la experiencia.

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