Los Monasterios de Suso y
Yuso de San Millán de la Cogolla, en La Rioja, fueron declarados Patrimonio de la
Humanidad por la UNESCO el 4 de diciembre de 1997, por razones
históricas, artísticas, religiosas, lingüísticas y
literarias.
En la Edad Media los monjes de los monasterios se dedicaban a copiar manuscritos antiguos para que no se perdieran, y fue entre sus muros donde se escribieron las primeras palabras en lengua romance, lengua que tiempo después evolucionó en lo que hoy en día es nuestra lengua castellana.
También en San Millán fue donde escribió su obra el primer poeta en lengua castellana, Gonzalo de Berceo. Los milagros de Nuestra Señora es su obra cumbre.
El monasterio de Suso (o de arriba) destacó desde sus comienzos, en el aspecto cultural, por su flamante escritorio, dueño de una buena y rica colección de manuscritos y códices (así se denominan los libros manuscritos anteriores a la invención de la imprenta).
En el S. XI el estudiante o predicador que encontraba dificultades de comprensión de alguna palabra o expresión en un texto o códice, anotaba en el margen su traducción, y esas anotaciones aclaratorias las conocemos hoy como Glosas Emilianenses, las primeras palabras escritas en lengua castellana.
En la Edad Media los monjes de los monasterios se dedicaban a copiar manuscritos antiguos para que no se perdieran, y fue entre sus muros donde se escribieron las primeras palabras en lengua romance, lengua que tiempo después evolucionó en lo que hoy en día es nuestra lengua castellana.
También en San Millán fue donde escribió su obra el primer poeta en lengua castellana, Gonzalo de Berceo. Los milagros de Nuestra Señora es su obra cumbre.
El monasterio de Suso (o de arriba) destacó desde sus comienzos, en el aspecto cultural, por su flamante escritorio, dueño de una buena y rica colección de manuscritos y códices (así se denominan los libros manuscritos anteriores a la invención de la imprenta).
En el S. XI el estudiante o predicador que encontraba dificultades de comprensión de alguna palabra o expresión en un texto o códice, anotaba en el margen su traducción, y esas anotaciones aclaratorias las conocemos hoy como Glosas Emilianenses, las primeras palabras escritas en lengua castellana.
La grandeza de la Biblioteca
Emilianense (situada en el Monasterio de Yuso, o de abajo) se debe
más al mérito de algunas obras que en ella se guardan que al número
de volúmenes que contiene. La sala destinada para biblioteca y su
artística estantería no admite más de diez mil volúmenes. Los
monjes que habían cursado estudios especiales para obtener grados
académicos tenían su biblioteca particular.
No todos los manuscritos que
se encuentran en la biblioteca Emilianense fueron copiados en San
Millán. Algunos pertenecían al fondo inicial del monasterio, otros
fueron adquiridos por compra, permuta o donación.



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